
Le prometiste una clase de reposición a un estudiante de tu academia, y terminó siendo él quien te persiguió para que se la dieras
Le prometiste una clase de reposición a un estudiante de tu academia, y terminó siendo él quien te persiguió para que se la dieras
Un estudiante falta por una buena razón, y alguien de tu academia le dice “no te preocupes, te la reponemos”. Esa promesa queda flotando. Nadie la anota en ningún lado con fecha. Semanas después, es el estudiante el que tiene que escribir preguntando qué pasó con su clase —y ahí es cuando por fin se agenda, con molestia de los dos lados.
El compromiso se hizo de buena fe, en el momento, sin pensarlo. El problema es que “te la reponemos” no tiene fecha ni responsable hasta que alguien lo convierte en eso, y el criterio de cuándo avisar que ya pasó el tiempo nunca quedó escrito en ningún lado. En el día a día de una academia nadie se sienta a convertir promesas verbales en compromisos con fecha: simplemente se acumulan hasta que el estudiante reclama.
La corrección no es pedirle a la persona que prometió que “se acuerde mejor”. Es que, en el momento en que se hace la promesa, quede registrada con fecha y responsable en algún lugar que el sistema pueda revisar —y que avise si pasó el tiempo y esa reposición sigue sin agendarse. Así la próxima en reclamar no es el estudiante.
Esto no es teoría de consultor. Opero 3 negocios con 6 personas, y lo que describo aquí es lo que aplico en los tres, no algo que le vendo a otros sin haberlo probado en el mío.
Si quieres ver cómo se arma esto sobre tu propio negocio —no sobre una plantilla genérica—, ahí es donde entra el acompañamiento: tú lo construyes, yo te digo qué está mal y por qué.
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